Saber jugar no depende del juguete
Dos niños conversaban animadamente sobre su juego preferido. Se habían encontrado por azar en uno de los paseos que los padres del pequeño Pedro, daban por los mercados de un pueblo muy especial en el que se encontraban de viaje.
Todo comenzó cuando Pedro se acercó a uno de los puestos, atraído por un avión que otro niño tenía dibujado en su camiseta.
—¡Qué avión más bonito!— exclamó mientras apuntaba con el dedo a la camiseta.
Tomás, un niño nativo de aquel pueblo que en ese momento ayudaba a sus padres en las labores del mercado respondió —¡Gracias, me alegra que te guste! Esta camiseta me la regalaron unos señores que hace un tiempo vinieron también de visita al mercado, cuando se enteraron por mis padres que me encantaban los aviones.....
—¡Te gustan los aviones.... a mí también!!!!!— le interrumpió Pedro —yo tengo en mi casa muchos juguetes y juegos de aviones.
—¡No me digas!— dijo Tomas.
Y desde ese instante quedaron completamente aislados de la muchedumbre. Fue tan intensa la conexión entre ellos, que incluso pidieron permiso a sus respectivos padres para sentarse en un punto alejado del bullicio para seguir compartiendo su pasión.
Pedro estaba tan motivado, que no perdió un segundo en hablarle sobre sus juguetes al otro niño.
—Empecé un día a coleccionar aviones que sacó un periódico de mi ciudad. Un día mientras paseaba con mis padres por la juguetería, me compré mi primer juguete de avión. Venía desarmado, así que podías ensamblarlo y decorarlo a tu gusto. Después le escribí a los Reyes Magos para que me trajeran un juego y así poder pilotar uno de ellos. Este juego en realidad no me gustó mucho, no me sentía contento.... hasta que fui a casa de mi amigo Luis. Tenía en su ordenador un simulador de vuelos... ¡te imaginas! Desde que lo probé no paré de pedirle a mis padres que me lo compraran. Y así fue... pero no creas, había cosas con las que tampoco estaba contento...— de repente quedó en silencio, pues se dio cuenta que Tomás llevaba mucho tiempo sin pronunciar una palabra. Entonces le dijo —y tú ¿que aviones tienes?
A Tomás le brillaban los ojos, estaba tan entusiasmado por compartir su juguete, que no tardó en tomar a Pedro de la mano diciéndole a la vez —¡ven, que te enseñaré un avión muy bonito!
Los dos salieron corriendo hacia la casa de Tomás que estaba muy cerca del mercado. Nada más llegar, el niño se dirigió a una mesa que estaba cerca de la puerta de entrada y tomando su avión en una de sus manos, comenzó a correr y a emitir sonidos que recordaban a los aviones que veía pasar a lo lejos por encima su casa. Entonces se dirigió a Pedro y le dijo —¡a que es muy bonito! Toma, puedes jugar con el— y se lo entregó en sus manos.
Pedro había quedado inmóvil y sin pronunciar una palabra. Tenía en sus manos dos trozos de madera colocadas de forma que semejara un avión y no podía entender que aquello fuese un juguete.
Entonces Tomás se dio cuenta de que algo estaba ocurriendo. Se acercó a Pedro y mirándole fijamente a los ojos le preguntó —¿por qué no juegas?
Pedro bajó la cabeza, no sabía qué decirle al niño. Y en ese mismo instante Tomás se inventó un nuevo juego. Tomó la mano de Pedro que sujetaba el avión y la elevó suavemente hasta quedar completamente extendida. Después le tomó de la otra mano y le dijo —¡esta vez vamos a volar en el avión los dos juntos! Tú serás el piloto y yo de copiloto te ayudaré a maniobrar. Solo tienes que correr lo más rápido que puedas y emitir los sonidos que recuerdes de los aviones, aunque también está permitido soltar carcajadas— y sonrió.
Pedro levantó la cabeza y miró a Tomás con un rostro completamente distinto. Este último sin perder un segundo le preguntó de forma efusiva —¿Estás preparado?... ¡Vamoooos!!!!!!
Tras el grito, los dos niños comenzaron a correr desaforadamente tomados de la mano, emitiendo sonidos que semejaban a los motores de los aviones, y también carcajadas que brotaban de forma espontánea.
Pedro estaba tan concentrado y alegre en su rol de piloto, que Tomás decidió dejarle solo para que disfrutara plenamente de su juego. Al soltarse de su mano, notó que no se había dado cuenta, lo que aprovechó para apartarse y buscar un sitio privilegiado para contemplar lo bien que se lo estaba pasando el niño.

Y de repente ocurrió algo que no esperaban, una sorpresa que les motivó a reunirse. Se tomaron otra vez de la mano, esta vez para quedar en silencio, inmóviles y contemplar en lo alto con rostros de satisfacción, a un avión que lentamente surcaba el cielo.
Bueno, espero que esta historia y la ilustración te hayan gustado. Por mi parte desear tenerte de vuelta y que pronto pueda presentarte una nueva historia de esta serie dedicada a la filosofía para niños y a los adultos que no han dejado de serlo. Gracias por visitar mi sitio y este contenido. ¡Hasta pronto!
Ficha
Historia: Original de Esteban Quintana de la Fuente (©EQ 9 de febrero de 2024).
Ilustración: Original de Esteban Quintana de la Fuente (©EQ 9 de febrero de 2024).
Técnica: acuarela, lápices acuarelables, lápices de colores grasos.